El sueño de las montañas

Esté artículo fue tomado de Bitacora De Mi Chile.

Hace unos días atrás, le pedí a José Manuel Cartes,  Ingeniero Civil y montañista, que me diera su testimonio de vida, y de sus recorridos por nuestras hermosas montañas chilenas. Para compartirlo con ustedes en el blog. Él me cuenta de manera increíble sus vivencias:

*Foto de portada: José junto a su hermana Rocío y Miguel su cuñado quienes son sus compañeros de viaje más preciados. También lo son sus padres y hermano.

“Muchas veces me preguntan por qué me gusta tanto el montañismo, qué tipo de fascinación se puede lograr al ascender montes una y otra vez, muchas veces los mismos cerros, y a veces al punto de poner en riesgo la vida…
No es una respuesta fácil, al revisar mi vida, me doy cuenta que posiblemente el interés siempre ha estado dentro de mí, las ganas de llegar bien arriba, de contemplar desde un gran mirador la maravilla de nuestra existencia han formado parte de mis sueños desde que llegué a éste mundo, posiblemente como una manera de encontrar la paz.


En las montañas he conocido mucha gente, he compartido con guaguas de sólo 30 días de edad y con ancianos de respetables 80 años y más. En las montañas he forjado gran parte de mi carácter, he aprendido a ser humilde, a tener claro que todo viaje es exitoso no solo cuando se llega a la cumbre, sino cuando se retorna sano y salvo al hogar.

En las montañas he aprendido a tener paciencia, con otras personas, con el clima y conmigo mismo. En las montañas he aprendido a superarme y también a aceptar que posiblemente a veces el día no es el más adecuado, pero siempre habrá otra oportunidad. En las montañas he aprendido a educar a otras personas, a niños, a adultos y claro, a mi mismo.

En las montañas he compartido con mis mejores amigos, he construido mi vida y si bien mi trabajo regular y mi tiempo mayoritario transcurre en la ciudad, muchos de mis sueños tienen que ver, no sólo con escalar una roca inerte, sino con caminar junto a otros hacia el cielo, mientras cumplo la misión que se me ha encomendado.

Finalmente en las montañas he aprendido a conocer mejor a Dios, a contemplar en el silencio y la inmensidad su mágica creación y darme cuenta de lo pequeño, pero a la vez grande que podemos ser.

Nuestro país es tremendamente privilegiado en Montañas, donde tenemos cerritos que se suben en 5 minutos como el Santa Lucía, otros que se suben en unas horitas como el Manquehue, otros que dan para una jornada completa como El Provincia, otros aún más desafiantes como nuestro gran San Ramón que se asciende habitualmente en 2 jornadas, o el Cerro el Plomo en 4 días, entre muchos otros del norte y del sur, siendo cada uno de estos cerros un personaje con características únicas.

Si pudiera hablar de mis dos montañas favoritas chilenas, o aquellas donde he pasado mejores momentos, podría referirme al memorable Cerro el Plomo, que marcó el inicio de mis travesías serias por los cerros de Chile, cuya primera ascensión la logramos con la comunidad de mi colegio Epullay, en compañía de estudiantes y del director Cristián, lo cual fue bastante duro para nosotros, dada la baja experiencia que teníamos. Severos dolores de cabeza, problemas con el frío y mala planificación dieron cuenta de 2 jornadas muy exigidas donde 5 de 9 integrantes lograron la cumbre de 5.430 m.s.n.m. Después de eso, pocos nos seguimos dedicando al montañismo. De hecho, mi jefe Cristián me siguió acompañando al Aconcagua y al Kilimanjaro, y forma parte de las personas a quienes les debo mucho.

Hoy en día, con el entrenamiento, la experiencia y el apoyo de Dios, el Cerro el Plomo lo puedo subir en el día, y cuento con 7 cumbres exitosas, y espero no llegar a viejo con al menos unas 100 jejejeje.

Como dato anecdótico, dos de mis mejores amigos, Kata y Matías, iniciaron su romance en esa montaña, donde al intentar cumbre, saliendo a las  4:00 am, congelados de la carpa y caminar algunas horas junto a mi, mis amigos se vieron en la “obligación” de abortar la ascención dadas las adversas condiciones climáticas. No hallaron mejor consuelo que quedarse acurrucados en forma de “cucharita” en un rincón hasta que el sol salió y permitió su retorno… Hace pocos días estos amigos se casaron, y si Dios nos lo permite, queremos algún día subir juntos el Everest.

Otra montaña majestuosa, no solo por su altitud, sino por su entorno y maravillas cercanas, corresponde al Volcán más alto del Mundo, el gran Ojos del Salado de 6.890 m.s.n.m, el cual está inserto en unas de las zonas más remotas e impresionantes de nuestro país. Tuve la fortuna de ascenderlo en febrero de 2013, donde me sumé a una expedición que recorrió durante casi una semana gran parte del desierto de la Tercera Región, visitando salares, lagunas, refugios y conociendo a muchas otras expediciones que intentaban también la cumbre. Luego de 5 días de aclimatación en los alrededores y ascensión a montañas cercanas, decidimos iniciar la ruta definitiva hacia el Ojos del Salado, durmiendo en su campo 1, denominado Refugio Atacama a 5.250 m.s.n.m. Allí compartimos con otro grupo de “aperrados” y entusiastas chilenos provenientes de Temuco, quienes luego de 1 año de preparación y campañas financieras estaban intentando -al igual que yo- la ascensión a la conspicua montaña.

Muchos extranjeros se encontraban en la misma condición, y esperando el momento para alcanzar la gloria.
Llegó el día de ascender al campo más alto, y justo ocurrió una tragedia, la madre de nuestro guía Mario, quien ya estaba enferma, falleció, y frente a la disyuntiva de retornar, Mario me concede la oportunidad de intentar en solitario y apoyar a otros montañistas que deseen ascender. Mario nos deja, y en ese instante comienza a nevar de manera copiosa.

Mi corazón y mis pensamientos comienzan a atormentarme, dado que las condiciones climáticas ponían en riesgo cualquier ataque a la cumbre. Ya cerca de las 20:00 hrs, me dirijo a mi carpa bien unida al refugio Tejos a 5.820 m.s.n.m, donde me cuesta conciliar el sueño. Al rato llegan otros montañistas exhaustos, entre ellos los temucanos y albergo a uno de éstos amigos en mi carpa… Entre conversaciones, puna y adrenalina, logro dormir apenas 1,5 horas y me levanto a las 2:00 am con mucha calma, y aprovecho de ingresar al refugio donde otros montañistas se preparaban al igual que yo para el ascenso final. Entre conversaciones, organización del equipo, alimentos, parches para incorporar más calor a los dedos, crampones mal puestos, entre otras cosas, salimos a las 4:00 am hacía la cumbre, con nieve que nos llegaba hasta las rodillas. Una cordada improvisada conformada por 4 montañistas de diferentes nacionalidades emprende el complejo rumbo y sigue los pasos de otra expedición rusa que había partido a las 2:00 am.

Más atrás, los demás chilenos se resignaron y decidieron no intentarlo, salvo uno de ellos que partió más tarde.. La montaña fue mucho más dura de lo imaginado; con los dedos casi congelados logramos alcanzar la arista que empalma con el borde norte del cráter y quedábamos a esas alturas solo dos montañistas, más la expedición rusa, formando un bonito grupo de cuatro hombres que, con más corazón que físico, seguía avanzando y dándose ánimo… dábamos 2 pasos en medio de la profunda nieve y descansábamos más de  2 minutos, de hecho, en un momento pensé que sería todo, pero al ver el mágico cráter, decidí seguir.

Mis improvisados compañeros, ya muy cansados apenas tenían fuerzas, por lo que decidí abrirles en el cráter, en dirección hacía la cima que estaba a unos 150 metros más arriba. Casi llegando a la última parte, donde se debe realizar una pequeña escalada en roca, mis compañeros me dicen : “sigue solo”.. No lo podía creer, si gracias a ellos yo estaba allí, gracias a su apoyo había logrado eso.. ¡¡Cómo se iban a rendir!! Intenté persuadirlos, pero fue imposible, estaban muy cansados y preferían retornar; temían por sus vidas. Por segundos pensé lo mismo, pero me faltaban posiblemente sólo 30 minutos, por lo que me armé de valor, deje mi mochila a un lado y solo con la cámara de fotos ascendí por la roca y luego me enfrenté a la recta final. Casi sin aire y a las 12:00 exactas logro llegar al techo de Chile, con una alegría y sensación de plenitud inmensa.

Las oraciones, agradecimientos, pensar en mis padres y hermanos, junto con las fotos y vídeos me tuvieron alguno minutos en esa cima, pero el tiempo comenzó a empeorar súbitamente. Decido comenzar a bajar, desescalar las rocas, cruzar el cráter, y comienza a nevar copiosamente. En algún minuto temí no encontrar el camino de retorno, pero al rato me encontré con uno de los compañeros rusos que bajaba muy lentamente. Decidí apoyarlo y acompañarlo, con lo cual ya no pensé más en mí; lo acompañé hasta el refugio, donde su compañero lo esperaba con bastantes aprensiones. Llegando al refugio Tejos, procedo a sentarme cómodamente y darme el gran gusto de comerme una olla completa de ravioles, un litro de sopa y luego contemplar la intensa nevazón que que lo cubría todo.

Desmontaje de carpa, y luego, tremendamente cargado, emprendo el descenso al Campo 1 en solitario; nieve por todos lados: temporal. Pero había una paz y calma que sobrecogían esos instantes. Luego de algunas horas de marcha, logro llegar al campo Atacama, donde me esperaba otro compañero y un automóvil que había llegado a buscarnos ¡wow, que mejor recepción!. Ese mismo día bajamos hasta Caldera y pude por fin dormir como Dios Manda, dejando atrás un temporal de nieve que tuvo el paso fronterizo cerrado por muchos días. Tuve suerte, todo se dio para que lo lograra, esa cumbre era muy importante para mí; estoy seguro que Dios estuvo conmigo. Retorné luego a mi hogar con la increíble satisfacción de reencontrarme con mi familia; quizás esa es la mejor parte, el reencuentro y valorar que estamos vivos y tenemos aún mucho por vivir.

¿Qué me depara el destino?, sinceramente solo Dios lo sabe, personalmente deseo seguir ascendiendo todo cuánto sea posible, y en ese caminar: recorrer, aprender, compartir, aportar a las vidas de mis compañeros de viaje. Me siento afortunado, porque éste año formamos un club deportivo llamado Viverunning, y hemos realizado preciosas ascenciones familiares, a la vez que me sigo preparando para los desafíos mayores.

En fin, siento que la vida es como subir una montaña; muchas veces no sabemos si seremos capaces, a veces nos equivocamos de camino, a veces debemos empezar e intentar nuevamente, debemos unirnos a otros para triunfar, a veces debemos vencer nuestros miedos para avanzar, a veces tenemos la vista fija en la meta, pero el secreto de la felicidad según mi modesto parecer es saber disfrutar de cada paso, detenerse unos instantes, contemplar el paisaje y seguir avanzando con más optimismo confiando en que Dios nos acompañará…

Un abrazo y nos vemos en la majestuosa y blanca montaña chilena”

José Manuel C.

Agradezco el testimonio tan preciso, potente y emocionante de José Manuel. Eres un gran hombre, y estoy feliz de que hayas compartido tus vivencias en Bitácora de mi Chile.

Estela

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